Milto, el Granjero

Hace mucho tiempo, en un valle muy lejano vivía un granjero. Sus amigos, cuando aún los tenia, lo llamaban Milto. Él era el dueño de casi todo el valle, pero en los últimos años se había vuelto un viejo perezoso y gruñón. Poco a poco sus trabajadores se fueron yendo, y lo que antes era un hermoso valle lleno de árboles, se convirtió en un herbazal lleno de malezas y de enredaderas de todo tipo. 


Un día, Milto el granjero, se dio cuenta que la comida que guardaba en su granero se estaba acabando, preocupado se dijo a sí mismo: “Si no hago algo, moriré de hambre”. Luego de pensar esto, se fue a dormir. A la mañana siguiente se dijo “Limpiare esta tierra, la sembrare, y luego comeré” Y así, más o menos en ese orden, lo hizo. El mismo día y con mucho entusiasmo saco su viejo machete, y comenzó a limpiar tan rápido como pudo. Aquella tarde, salió al mercado, y compro las mejores semillas que sus ahorros pudieron pagar. A pesar de ser un viejo gruñón, Milto el granjero, podía llegar a ser muy dedicado y paciente, si así se lo proponía. Aquel granjero sembró y sembró, limpio y limpio; y en menos de dos días había logrado lo que no hizo durante todo el tiempo que había pasado.


Milto, se levantaba todos los días temprano a regar su huerto, lo abonaba y velaba por él. Pasaba el tiempo, y aquellas semillas eran ahora plantas que comenzaban a crecer y a brotar. Siguió limpiando sus tierras, sembrando y cultivando todos los días; y, se imaginaran, lo mucho que disfruto ver estas semillas crecer. Un día, después de varios meses de trabajo arduo, vio como sus plantas, empezaban a dar los primeros frutos de su trabajo y sonrío. Había llegado el tiempo de la cosecha, y con una gran sonrisa en su rostro, se dio cuenta que ya no pasaría más hambre. Llamo a todos los amigos que aún le quedaban, y a sus familiares más cercanos, y los invito a una gran cena. El día de esta cena por fin llego, y todos comieron y rieron, mientras disfrutaban de los frutos que aquel granjero había cosechado con tanta paciencia, y esfuerzo.

Si siembras hoy lo que quieres cosechar, y con paciencia lo cultivas y cuidas cada día de ello, serás algún día como ese granjero, y veras los frutos de aquello que sembraste y sonreirás también.

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