Historias Inconclusas


Y paso todo así. Se dio cuenta que más allá de las cuatro puntas del cuarto en que estaba, mas allá de esas paredes y de aquel tiempo enfermizo, más allá de todo lo que es y lo que no es, siguen extendiéndose camino extraños, de tonos impredecibles, nunca antes vistos.


Sentado ahí en un salón, otro punto al que se había visto obligado a llegar, aquel muchacho veía como sus compañeros se evaporan, así como agua bajo la presencia del sol. No fue de inmediato, fue uno tras uno pero todos desaparecieron con la rapidez de un rayo de luz que llega a la lámpara más alta. Era como si se hubiesen desintegrado, como si el Dios del cielo, sin dudar se lo hubiese llevado.

-¿Por qué no a mi? – El muchacho preguntaba mientras sus ojos mostraban la más profunda frustración. Y el muchacho suspiraba.

Ya no estaban ellos pero el todavía los sentía, escuchaba sus voces y olía su ausencia. Ellos no tenían pensado regresar pronto. Ese muchacho se llamaba Alex.

Poco a poco fue recobrando la serenidad, todas las cosas, los lápices, las calculadoras, la cartera de la profesora, los papeles, la palabras en el pizarrón y cada uno de los objetos típicos de un salón estaban en su lugar.


Fue entonces que me levante y Abrí la puerta de mi antiguo salón, pero no Salí. En el aire había silencio, puros murmuros que terminaban clavados entre mis oídos, entonces sordos. Era una vista majestuosa de lo que sería ciertamente como un sueño para algunos, la soledad y… el fin del tiempo. Me desvanecí y quede sin nadie.


Aquel día pensé mucho, recuerdo el agotamiento de mi mente, me preguntaba cosas y no me contestaba. Llegue a pensar que había desaparecido del mundo, y luego fui consciente de todo lo contrario. Me di cuenta que todos pudieron haberse ido, Era como si todos hubiesen desaparecido dejando me solo en este universo vacio.

Mire por todos lados, aun sentía gente a mi lado y veía, miraba los puestos sin vida donde hace unos minutos estaban todos a los que quería o decía que quería. Y desesperado me levante y me acerque a la ventana. Vi un mundo diferente, diferente al de aquella mañana cuando el sol brillaba y los pájaros cantaban. Ahora no había nada, no literalmente, me refería a las personas. No estaban. Y era eso lo que siempre había temido. No lo quería aceptar. Como si la soledad no fuera suficiente, ahora la ausencia de todos me estaba matando. Era frustrante, algo así como una pesadilla de mi infancia, de ese tiempo que ya había dejado atrás, hace mucho rato. Fue en esos instantes en que me pregunte donde estaban mis padres. Donde estaba aquella madre que siempre lucho por mí, solo para demostrarme que estaba vivo por algo… ¿donde estaban ellos? En ese día quien me podría contestar. Había llegado el momento, por fin, en que las lágrimas de mi rostro no valían ni significaban nada, donde el grito y el llanto eran lo mismo. En ese día de verano las cosas cambiaron, y supe que nadie me iba a escuchar o eso debía averiguar. Era complicado, me encontraba viviendo un Apocalipsis totalmente fantasioso, sin trompetas, ni ángeles del cielo. Solo sonidos entre cortados, resguardados por sin fin de paredes, y los murmullos que no se acababan. Ese día quise ver que tan entretenido era el vacio. Sabía que este inmenso mundo grande, corrupto, no podía haber cambiado en tanto, ¿porque lo haría?


Tenía que salir de ahí y asi lo hice.


Al salir del edificio donde hasta entonces había estado, cruce la calle. Me encotraba en unas tiendas que solian estar repletas de gente de todo tipo. Entre en la primera puerta que vi. Como ya me lo esperaba la carencia de personas se mantenía. Observe detenidamente la tienda, en el mostrador aun permanecían intactas una bebida y algunas monedas esperando ser cobradas y pagadas respectivamente. Yo solo tome lo que era necesario para mi, en otras palabras algo de comer y una cosa cualquiera para saciar mi sed. Salí de la tienda. Después de un rato caminando sin mucho sentido me encontré en una banca y pensaba.

-¿Cómo es esto posible?

Y mientras comia algo, seguía.

-¿ Es que acaso la gente desaparece todos los días?

¡Porque señor! Gritaba al cielo y continuaba.

-Que es esto, acaso esto es cuestión de aquel que es dueño de todo, para mortificarme un poco mas mi sufrida existencia. No hay biblia que explique esto.

Que será de mi mañana, que hare. Como viviré si solo me tengo a mi mismo. ¡Que hare!

Aunque nunca me había importado el mañana, en esos momentos que seria de mi era una pregunta clave, y su respuesta solo dependía de mi.

-Calmate- dijo una voz.

Como era de esperarse me voltie de inmediato.

-¿Quien dijo eso?

Al no escuchar respuesta mi enojo fue tan grande que grite.

¡Quien dijo eso!

No conseguí respuesta, pero me percate que sobre mi hombro un palido puntito blanco se había encendido y nunca mas se fue.


Ya había consumido lo poco que había sacado de la tienda, y decidi seguir mi camino. A donde iba, ni yo lo sabia para entonces. Por increíble que paresca hasta ese momento no me había percatado de lo extraño que estaba el cielo. Aunque si había notado su peculiar oscuridad, no había notado la bruma malsana que cubria todo. No podían ser mas de las diez de la mañana, pero aun asi una tarde prematura cubria el dia. Las nubes en el cielo no avanzaban y el cielo por su parte se mantenía inmutable como si nada ni nadie nunca lo hubiese molestado. Llegue pronto a una calle. La lucecita blanca en mi hombro seguía ahi.


Mire hacia todos lados, pero ningún rastro de algo que no fuera sinónimo de soledad. El semáforo indicaba avanze con una permanente luz verde, pero aun asi nada pasaba. En esos momentos la desesperación era tan grande que comenze a correr. Me avalanze a toda marcha en dirección a un auto cualquiera, no había nadie. Al entrar al carro sentí un fresco aroma a primavera, como el de algún champu de esos que suelen usar las mujeres. Me acerque a otro auto. Este era un deportivo. Era hermozo, quizás el ahorro de toda la vida de un viejo soñador, o quizás solo el juguete nuevo de un niño de papi. De cualquier forma de seguro nadie lo dejaría atrás sin una buena, explicación. Y sucedió lo mismo otra vez, sentí otra presencia humana, lo había sentido en el primer auto donde estuve. La sensación era como si una persona acabara de bajarse del vehiculo, y hubiera dejado estampada su presencia en el lugar. Pero aun asi, al igual que el otro, estaba vacio. Nuevamente era la misma historia. Deje la busqueda inútil de personas por ese momento, y me ensimisme mirando el horizonte. Termine caminando sin sentido, dirigido hacia cualquier lugar. Quizas lo que en verdad buscaba era encontrar a alguien que me pudiera explicar, y sino solamente alguna compañía no precisamente humana que me ayudara a pensar. Y entonces ese punto en mi hombro se volvio hacia mi.


-¿Qué quieres saber?

Supe de inmediato que aquel punto me hablaba, y extrañamente me tranquilizo una vez mas.

-¿Donde estoy?-le pregunte.

Y la voz respondió: No estás en casa. Como era de esperarse segui soltando preguntas al aire, pero el punto no me hablo más, no lo podía controlar.


Segui caminando, el dia continuaba. Las calles, los locales, las estaciones de gasolina, los supermercados, todo, lucia como si el tiempo se hubiera tomado un descanzo y no quisiera regresar. La tranquilidad abrumaba, el cielo permanecia inmutable y la temperatura del dia lentamente iba en descenso, era la primera vez que lo notaba. Pase muchas calles desiertas, hasta que llegue a una vieja plaza, pieza fundamental en una infancia ya olvidada. Al llegar examine detenidamente el lugar, solo para darme cuenta de inmediato que mi intento por encontrar gente seguía siendo un fraude. Mire mi reloj, el minutero ya no marcaba la hora, pero esta vez no le preste atención. Aquel lugar era como un baul de recuerdos para mi. De pequeño mi padre me llevaba a aquella plaza todos los martes en la tarde, lo hacia martes porque era el único dia que salía temprano del trabajo, nunca supe de que trabajaba.

-¿A donde quieres ir hoy?-decia mi padre cada vez que el martes llegaba.

-A la plaza del rey, papa llevame a la plaza del rey- era eso lo que contestaba siempre.

La ultima vez que lo vi también había sido en aquella plaza, se marcho un dia para nunca mas volver. Muchos años después me encontraba en aquel mismo lugar, y lo único que había cambiado era unos arboles que lucian un distinto color.

Empezo a oscurecer. Los arboles no estaban normales, me había dado cuenta, o era eso lo único distinto que notaba en aquella plaza. Mostraban un brillo rojizo sobre su tronco marron. Nunca había visto algo asi, y me percate que hasta entonces ya había vivido muchas cosas nuevas para mi. Me acerque a uno de los arboles con el extraño problema y puse mi mano sobre su tronco, estaba seco. El árbol parecía totalmente muerto, pero sus ramas mostraban cientos de hojas rojas, hermosas ante mi vista y me pregunte ¿porque? En aquellos momentos sentí tantas dudas, dudas sobre mi, dudadas sobre la vida, dudas sobre todo eso que se posaba a mi alrededor. Y entonces calleron. Suave y delicadamente las hojas que reposaban sobre aquel tronco marron comenzaron a caer. Una por una en un principio y luego cien a la vez. El suelo de todo la plaza se tiño del rojo marron que antes solo tenían los arboles. Cuando calleron todas las hojas me hize de una visión y mire un árbol en la cercanía para notar que solo faltaba una hoja en la rama mas distante de su entereza. Al momento que se desliso calmadamente al suelo, me acerque a toda prisa para tomarla con mis manos, y cuando la alcanze solo pude rosarlas con las yemas de los dedos para ver como esa hoja dejaba de existir en la palma de mi mano. Senti nostalgia y no se porque. Parecia como si otoño hubiese llegado a un lugar en el mundo donde solo se veian dos estaciones al año. Pero no acabo ahi, una hoja roja había desaparecido en mis manos, y asi lo hicieron todas las demás en el suelo, hasta que todo quedo sombríamente quieto.

Oscureció aun mas, la temperatura bajo mas de improvisto mientras el viento ululaba. Mi cuerpo ya había comenzado a temblar para calentarse. Sentia el aire frio entrar a mis pequeños pulmones, y ese frio se filtraba por todos mis miembros. Me di cuenta que si me quedaba expuesto o moriría de locura, o de un posible congelamiento, no exageraba. Quize regresar a mi casa, parecía que aunque todos hubieran desaparecido, el mundo seguía mas o menos igual, pero como lo haría. A decir verdad me hallaba muy lejos de donde se encontraba mi hogar, este mismo metido en algún rincón de un suburbio olvidado de una olvidada ciudad. De cualquier forma se acababa mi tiempo. Comenze a caminar, en algún lugar debía encontrar refugio, por lo menos para descanzar. Era un oscuro y frio dia. Sali de la plaza y cogi la primera calle a la izquierda desde la parte trasera de donde me encontraba. Fue entonces cuando un sonido penumbroso volvió escombros el silencio perpetuo al que poco a poco me había acostumbrado. Era un grasnido siniestro, comparable con nada de lo que hubiese escuchado en mi vida con anterioridad. Mire el cielo y quede asombrado. Un ave de tamaño incalculable se abalanzaba con el pico rígidamente en dirección a mi. Del pánico solo pude correr para por suerte tropezar unos metros adelante con una pesada roca. Y cai en la calle. El ave inmensa paso rozandome la espalda mientras yo permanecia regado en el suelo, obviamente ella no estaba satisfecha aun. Sentia el pavimento en mi rostro, y comenze a transpirar un sudor seco debido al exitamiento y al frio del aire. Me quedaban pocos segundos para levantarme antes de que el ave atacara nuevamente, sin pensarlo mas me levante. Mire al cielo solo para verificar que el ave que me perturbaba siguiera ahí, y si estaba. Unos sonidos irritantes, mas agudos que claros siguieron torturándome.

-¡Dios mio ayudame!-grite- siempre te he fallado, me arrepiento, que estas esperando para ayudarme, ¡no me desampares!


Me sentí levemente con los animos recobrados y comenze a correr por mi vida. La temperatura de mi cuerpo iba incrementándose debido a la emoción y al exitamiento de la huida. El cielo seguía gris y el dios ave que rasgaba el cielo seguía tan imponente como con el primer ataque. Mi cabeza se movia hacia todos lados en forma de una especie de radar buscando escondite, hasta que divise mi escape. Este consistía en una iglesa de piedra ubicada como por obra del destino a treinta metros de donde me encontraba. Mi respiración amainaba el tiempo apremiaba, y mi paso por necesidad aceleraba. El ave había volado tan alto que su ataque se había demorado por la única intención de querer llevarme con fuerza. Guardaba la esperanza de que el ave se marchaba, pero mas en el fondo de mi alma sabia que no se iria, o por lo menos no hasta acabar como mi pobre presencia. Llegue a la puerta de la iglesia de piedra, la salvación de mi vida, pero aquella criatura negra y de ojos infernales ya me pisaba los talones. Empuje la puerta de la iglesia pero no abrió… desesperado, me prepare mentalmente para lo que se me venia encima, y mire hacia atrás para recibir el impacto.

-tirate al suelo- dijo el punto en mi hombro. Y lo obedeci.

El ultimo recuerdo que tengo es la imagen de aquel demonio dirigiendo sus garras a mi y perdi la cociencia.

Parecia de mañana ya, abri mis ojos pero no deperte. Permanecia en un estado similar al trance. Al abrir los ojos nuevamente pude observar como algunos rayos de sol se filtraban por el vitral de aquel extraño lugar donde estaba. Que silencio, era como si del mundo cada sonido se hubiese extinguido, y lo único que podía escuchar era el palpitar de mi corazón, y mi respiración. ¿En donde me hallaba? –me preguntaba-mientras me incorporaba lentamente. Giraba la cabeza tanto como me era posible, aunque no alcanzaba a ver mucho, el ambiente estaba tranquilo y el piso lleno de escombros. Sentí un punzón en el pecho, y un pequeño dolor. A decir verdad me fije en mi camisa, y estaba sucia y manchada de sangre. Mire por debajo de ella, me encontré con un rasguño profundo pero sin embargo no sangraba, solo ardia como la puta madre cabron, xD... Trate de levantarme del suelo y sentí ese mismo dolor de antes, después de un gran suspiro me levante por fin, y fui participe entonces de lo que estaba pasando. Habia una puerta grande. Era una iglesia, Estaba en


Parecia de mañana ya. Abri mis ojos pero no desperté. Permacia en un estado similar al trance. Al abrir los ojos nuevamente, vi, rayos de claridad que se filtraban por un vitral de donde estaba. Que silencio. ¿En donde me hallaba? Mire desde el suelo a los angulos que se me permitia, el ambiente estaba tranquilo, y el piso lleno de escombros. Senti un punzon en el pecho, y un dolor pequeño comenzó a tornarse molesto. Mi camistea originalmente gris, ahora estaba manchada con algo rojo, algo asi como sangre, solia mucho. Mire por debajo de la ropa, me encontré con tres heridas que ya no sangraban. Trate de levantarme del suelo y sentí ese mismo dolr de antes. Me pare por fin. Después de un gran suspiro fui participe de lo que estaba pasando. Habia un puerta grande frente a mi. Era una iglesia. Estaba en una iglesia. La puerta de al frente estaba totalmente destruida y dirigido hacia mi habia un camino de caos total. Sillas rotas, madera por todas partes, biblias desojadas con mal aspecto. En situaciones asi odio voltear la mirada, pero en vez de salir de la iglesia por la puerta de enfrente sin mirar hacia atrás, mire hacia atrás, voltie. Mi voz amaino y se enfurecio en ese momento , se convirtió en un grito silencioso y me di cuenta entonces que nadie me iba a escuchar. Se me erizo la piel, me puse palido, comencé a sudar y de tristeza llorar. Todavia permanecia, en casa del culo, quien sabe donde, sin escapatoria. No habia sido un sueño,eos que me persiguió no se hace cuanto estaba ahí frente a mi, sin moverse pero mirándome. Un ave negra con apariencia inescrutable yacia en el suelo frio de esa iglesia ahora insana. La pude ver con claridad. Por sus ojos blancos de marfil se mostraba, violenta, serena. Ese pico amenazante que antes me atacaba ahora estaba hecho dos partes con sanfre o algo parecido a sangre brotando de el. Y esa garra derecha, estaba ahí todavía , estoy seguro que es ella la que aun esta marcada en mi pecho. Algo pude ver brillando en ese momento. Era un libro, un libro con algo brillante en la tapa. Permanecia cercado entre las garras de esa cosa que me ataco. Me acerque al suelo, puso mis manos sobre ese arruinado libro, lo saque de su prisión y me lo lleve. Era un libro pesado de color oscuro verdoso, con una placa de algún metal para cubrir sus delicadas paginas. Claramente no era algo de este tiempo, ni de esta época. Pero lo que mas llamo mi atención no fue el cuidado con el que fue labrado ese libro, sino un titulo que anunciaba “libro de la vida”, crónicas de la muerte. ¿Primero que todo que le pasa a este mundo? ¿qué hace un estúpido pájaro con un libro llamado asi? Mas que el nombre, la situación era completamente ridícula, el aire en el ambiente ya presentaba síntomas de putrefacción. Un olor de muerte y de encerramiento se encontraba cada vez mas conmigo. Mi reloj marcaba las ocho y media de la mañana. Este es el segundo dia de esto, me percate. Fue un alivio descubrir que el tiempo no se habia descompuesto. Por lo menos era algo. Ya las garras marcadas en mi pecho no me dolían, ahora sentía molestias un poco mas abajo, estaba hambriente. Antes de sentarme a leer ese libro que encontré, o que fue puesta por el destino para que yo la encontrara, debía comer algo. No aguantaría mucho mas aunque quizás podría. De cualquier forma me apresure a salir de la iglesia lo antes posible. ¿Qué me esperaba afuera? ¿Acaso una docena de pajaros mas, esperando venganza por la muerte de su amigo? Quizas. No lo sabia. No lo quería descubrir tampoco. Puede que tuviera todo el tiempo del mundo , pero nunca me agradaron mucho los cadáveres, mucho menos si el cadáver era un animal, pájaro negro, que no tenia intención alguna de jugar conmigo. Cruce la puerta en ruinas de la iglesia. Fue como si ella hubiese sido un refugio que nunca visite, un lugar para protegerme nunca entre. Al salir de esta me encontré con un ambiente hostil. La temperatura afuera superaba a la de la iglesia, con muchos espacios abiertos no podía ser que el calor no penetrara sus paredes de piedra. Y no solo eso, ese calor venia proveniente como del fondo de la tierra. A medida que caminaba, veía como las marcas de mis zapatos se tatuaban en el pavimento y cada vez que alzaba el pie parte del suelo se movia conmigo. Senti en esos momentos un calor casi palpable, sabia que hacia un calor mas fuerte que el de cualquier otro dia, simplemente único en su tipo. No termine de cruzar la calle, cuando los vi. Eran tres pero estaban muy lejos, eran la sombra de ese que ya no vive, ese que dejo sus garras marcadas en mi. Tres pajaros negros con sus ojos de marfil todavía intactos, no estaba fuera de su alcanze visual pero algo me decía que si permanecia donde estaba unos momentos mas estaría a salvo. Pude ver que se marchaban lentamente en dirección al oeste, fue hay que deje de contemplarlos con esa especie de fascinación macabra en la que me habia visto envuelto. Sudaba. Mis manos empesaban a embarrar con su humedad a causa del calor, al libro que permanecia inmutable en mis manos. Pense en volver a la iglesia, quizás tuvieran algo de comer guardado ahí. ¿Por qué no lo pensé antes? – me dije a mi mismo. De fondo esperaba tmabine que la iglesia, ya nada podría sorprenderme. Cruce la puerta nuevamente, ahora el pájaro era solo huesos con tejidos adheridos aun al esqueleto. ¿Cómo paso tan breve? –me pregunte-. Me quede impactado por lo pronto que paso de descompuesto a un par de huesos solamente. Por otra parte la iglesia se mantenía fría, tal y como lo esperaba, y con un aire refrescante de tranquilidad a pesar de haber sido victima de una destrucción injusta. El dia permanecia con su claridad oscura y el cielo reflejaba un tono gris bajo el manto de una bruma impura. No lo habia notado hasta entonces, pero estaba en una sala realmente grande para una iglesia, nueve ileras de filas destruidas mas otras muchas intactas pasaban el esqueleto para llegar al lado mas al fondo del templo. Me acerque cuidadoso, caminando en hurtadillas tratando de hacer el menor ruido posible. Tenia la impreson que ese era un lugar santo, digno de mi respeto, no por ser iglesia, monasterio, ni nada de eso, simplemente esa era la impresión que marcaba en mi. Camine atraves de ella. Llegue al fondo de la iglesia, me encontraba inmediatamente junto al recinto donde se debería ubicar un padre para dar su sermón. Era extralo pero siendo esa una iglesia católica no entendia porque no tenia una cruz, ni señal alguna de reverencia al hijo de Dios, de hecho... me parece recordar que tenia una cruz. Sin darle espacio a detalles avance, segui hacia una puerta que estaba al final de una pequeña pared, esta misma invisible a la vista de los fieles. Puse la mano sobre aquella manigueta fría y entre. La puerta daba a un pasillo repleto de cuadros, era largo y no veía claramente el final, estaba oscuro. Al final del pasillo otra puerta, mientras caminaba prestaba cada vez mas atención a los retratos de cuadros que colgaban a los lados. Cada uno de ellos tenían algo en común aunque todos eran diferentes entre si, aunque ese algo no se con claridad que era. Eran rostro de gente hermosa, quizás demasiada para tener el titulo de santos. Me acerque a uno, tenia una placa que lo presentaba, San Pedro. Era igual que los otros, pero estaba ciego, no podía verme. Como si no lo hubiesen terminado intencionalmente, no le dibujaron un pequeño punto para darle visión. Insignificante al fin. Segui caminando. Poco a poco me acerque a la puerta al final de este pasillo. Una elegante puerta roja que se erguia toda al final, elegante y simple. La pase. El cuarto era un contraste total entre la oscuridad del pasillo y la claridad que habia en este cuarto. Que habitación mas hermosa, quizás era mucho para una iglesia, aunque pensando lo bien, quizás era perfecta para ella. Era un cuarto con una ventana a un costado que daba a un jardín. Un solitario lugar para pensar –pensé. Aquel jardín endulzaba mi alma por esa presencia verdosa y despertaba en mi algún sentimiento de duda, como si la realidad no existiera –malos días pensé. El viento soplaba y entraba a la habitación, suave viento que rozaba mi rostro, y el aroma de una mujer llegaba con la brisa, un aroma muy lejano y muy distante. Era un dia gris con mucha hermosura. Al frente de mi habia, no lo se, algo cubierto por un pequeño manto azuril que lo ocultaba por completo. Un reclinatorio de madera junto a una pequeña mesa con cajón eran todas los objetos faltantes del cuarto. Podria haber seguido admirando la habitación y todos sus detalles por algún tiempo mas, las paredes bien trabajadas con su tapizado de líneas cremas y contornos dorados, la perfeccion de los mosaicos del suelo, toda una obra de arte, pero tenia esta carga. Este libro. Mientras caminaba por el pasillo sentía que se hacia mas pesado cada vez. Me sente en la pared frente a la ventana, puse mi dedo índice debajo de la cubierta.

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