• Jaqueline Molina

El Camino De Los Frutos Inesperados


Por aquellos días muchas cosas pasaban por mi mente, lloré, reí y aún así no lo entendía. Muchas de nuestras decisiones, no se llevan a la realidad de la misma manera como se planearon, en el camino a su realización el universo pone pruebas, esas las debes afrontar con valentía; pero, ¿cómo ser valiente si no conoces el camino, después de que tus planes cambiaron de dirección sin esperarlo?.


Usualmente tendemos a quedarnos pensando por un gran tiempo. Nos preguntamos, porque lo que queremos no se hará realidad en el tiempo deseado y nos olvidamos que la vida trae retos que son medidos con nuestra actitud, la cual es una decisión también.

Hace algún tiempo, me sentí muy triste sentía que un sueño muy grande que parecía haber cumplido se posponía y, ni siquiera lo había decidido. No es nada fácil, sentirse impotente; cuando crees que lo hiciste bien. 


La primera semana... no encontraba solución me culpaba y culpaba a quienes de algún modo formaban parte de esas decisiones. El ser humano, tiende a culpar a otros. Yo no fui la excepción. Lo terrible de esto es que cuando culpamos olvidamos el respeto, el amor, y lo más importante que con culpar nada solucionamos.


¿Cómo entendí esto?, cuando me detuve a recordar porque había tomado esa primera decisión, es decir, el principal motivo para arriesgarme a dar el segundo paso; entendí que no se trataba del exterior, sino, de lo que sentía muy adentro en mi corazón. Fue entonces cuando sin cuestionar (por primera vez) acepte tomar una pausa, de muchas horas confieso, para apreciar ese momento que se tornaba tan dulce.


Ver y sentir la belleza de lo inexplicable me devolvió la seguridad, entonces una vez volví a la realidad, Comprendí sin mayor esfuerzo que mi sueño más grande se había cumplido y que lo demás era secundario, pues el universo tenía destinado algo más grandioso para ese segundo paso. Ahora, pregúntate si el camino que haz tomado para afrontar esa situación que te aflige, es el más saludable para ti y quienes te rodean. ¿Realmente vale la pena lamentarse por lo que no se dio? Cuando puedes hacer mucho más con lo que te queda.


En algún momento escuche a alguien decir que somos como aquellos árboles que no dan los frutos que el cultivador espera al cosechar. Estos mismos una vez son podados se reproducen abundantemente, aquella persona se refería que los seres humanos somos podados con las pruebas y una vez las superamos logramos darlo todo, alcanzarlo todo y dar frutos.